Esta locura llegó a su fin.
Y termina como un jarrón de agua fría deslizándose por todo mi cuerpo, así lo siento.
Mi imaginario me ha llevado demasiado lejos, lejos de la cordura, lejos de la razón.
Y muy cerca de una pasión inventada, una excusa para evadirme de la realidad.
Necesitaba ese amor secreto, ese misterio, ese juego infinito en el que la imaginación te lleva a distintos escenarios y situaciones. Como una realidad paralela, como deseos que se cumplen de inmediato, en la mente.
Me inventé una historia contigo, te idealicé. Intercambiar "cuatro" frases junto a ti, fueron suficientes para que te convirtieras en mi inspiración.
Estaba viviendo en un momento duro en mi vida, podía romperme en mil pedazos repentinamente, pero no lo hice. No me dejé llevar por la nada o por soluciones absurdas. Me dejé llevar por mi mundo interior junto a ti, encontrando un nuevo motivo para seguir adelante. ¿Qué había de malo en ello?
No decidí jugar a esto. Te conocí. Tu mirada y tu voz se impregnaron en mi ser y tu sonrisa me transportaba a un mundo de paz y harmonía. Un mundo al que necesitaba huir más que nunca. ¿Cómo podías hacer eso con sólo tu presencia? ¿Por qué lo sentía y lo siento?
Necesito poner fin a esta locura, ya que lo que comenzó obedeciendo a la fluidez del momento ha ido creciendo y creciendo, hasta transformarse en algo obsesivo, en algo doloroso.
Tal vez llegues a leer este relato sin siquiera saber que te lo escribo a ti. Aunque creo que jamás lo leerás.
De algún modo he desencadenado un delirio y puede que haya deseado que todo lo que pasaba por mi cabeza se hiciera realidad. Deseaba que en tu mente existiera yo, aún sabiendo que era imposible.
Hoy te dejo ir de mis pensamientos y termina esta historia, esta historia que solamente ha existido en mi mente.
Esther-Ruth.
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